Lindaura AnzoƔtegui en Feminiflor: "La mujer en la literatura nacional"
- Daniela Escobar y Montserrat FernƔndez
- 3 may 2022
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 6 may 2022
āLa mujer en la literatura nacionalā es un acĆ”pite que aparece en la revista Feminiflor No. 22 (mayo de 1923) y No. 23 (julio de 1923), escrito por BetshabĆ© Salmón FariƱas. Para comprender plenamente el significado de esta sección, es necesario indagar en el hacer que BetshabĆ© propone al presentar un perfil biogrĆ”fico de escritoras bolivianas: pretende recordar su relevancia para las letras, pero, sobre todo, para la historia del paĆs, que estĆ” a punto de cumplir su primer centenario. ĀæNo es esta una ocasión ideal para replantear las figuras que deben ingresar en la memoria colectiva que denominamos historia? ĀæY si esa historia āhabrĆ” pensado BetshabĆ©ā incluyera a mujeres que han aportado a la patria, ya sea con sus hazaƱas o su producción en las letras y en las artes? Sin duda salen a relucir dos escritoras del siglo XIX cuyas obras han sido significativas, pero que no han sido lo suficientemente estudiadas: Lindaura AnzoĆ”tegui y MarĆa Josefa MujĆa. BetshabĆ© Salmón destaca las vidas de estas escritoras con el afĆ”n de demostrar la tenacidad y perseverancia que debieron haber tenido para crear sus obras y sortear todas las dificultades y obstĆ”culos que les dieron su sexo y su talento.
Como ya anotamos en nuestro artĆculo "'Feminiflor, la lengua de las mujeres a veinte centavos': Tres crónicas de Laura de La Rosa Torres" [ver enlace aquĆ], la visión de la mujer que promueven desde la revista es la del Ć©xito profesional e intelectual de una periodista o una escritora aƱadida a la imagen de abnegación y sacrificio de una esposa y madre. La mujer que escribe, crónicas, poemas, novelas, un diario, columnas, lo hace despuĆ©s de haber cumplido con las obligaciones y deberes del hogar, en horarios y lugares poco convenientes para la salud. Cinco aƱos despuĆ©s, Virginia Woolf escribirĆa en Una habitación propia sobre la necesidad de que una escritora cuente con una habitación para escribir āy dinero para procurĆ”rsela. Al igual que Laura de la Rosa Torres en "Cosas de oficio", BetshabĆ© Salmón vislumbra la sobrecarga fĆsica y emocional de la doble jornada como la conciliación ideal entre la familia y la escritura, acaso un sacrificio necesario para salir a la esfera pĆŗblica.
Ahora bien, segĆŗn los fundamentos de la crĆtica literaria feminista latinoamericana, existen tres etapas en un camino crĆtico: la primera es la revisión de historias de la literatura, donde se busca la presencia de mujeres y la manera en que se las presenta o pondera frente al resto; la segunda etapa es el descubrimiento de obras que no hayan sido tomadas en cuenta, las ālabores de rescate de āmadresā y āabuelasā literariasā, como denomina la crĆtica Ana Rosa Domenella. La tercera etapa, la mĆ”s compleja, es cuestionar las mismas categorĆas con las que se estudian las obras, conceptos como narrador, gĆ©nero literario, entre otros. PodrĆamos decir que BetshabĆ© se inscribe en la labor de la crĆtica literaria feminista al hacer un ejercicio incipiente de rescate, construyendo un perfil biogrĆ”fico de su āabuela literariaā Lindaura AnzoĆ”tegui, basado en la revisión y parodia de Bolivianas ilustres de JosĆ© Macedonio Urquidi, principal fuente de información de la joven periodista. Este ejercicio en Feminiflorā esto es, en un espacio periodĆsticoā tiene un alcance social de visibilización de mujeres destacadas en las letras bolivianas, pues estĆ” dirigido a un lector āuniversalā de la Ć©poca que tiene poco o ningĆŗn conocimiento sobre la escritura producida por ellas.
Utama rescata el perfil diseƱado por BetshabĆ© Salmón de Lindaura AnzoĆ”tegui, poeta, narradora, filĆ”ntropa y primera dama de Bolivia, nacida en 1848, y continuando con el ejercicio crĆtico feminista, aƱadimos notas a este perfil que, por un lado, muestran quĆ© dicen sobre Lindaura las voces crĆticas del siglo XX y, por el otro, enfatizan aspectos biogrĆ”ficos. Asimismo, presentamos fragmentos de su obra en prosa La madre y un poema dedicado a la Virgen, āPlegariaā, para que su esposo vuelva a salvo de la Guerra del PacĆfico.
["Feminiflor, la lengua de las mujeres a veinte centavos": Tres crónicas de Laura de La Rosa Torres: https://www.comunidadutama.com/post/feminiflor-la-lengua-de-las-mujeres-a-veinte-centavos-tres-crónicas-de-laura-de-la-rosa]

La mujer en la literatura nacional:
Lindaura AnzoƔtegui de Campero
Betshabé Salmón Fariñas
En la ciudad blanca del Tojo, allà donde florecen exuberantes los mirtos y azahares, donde la naturaleza formó un nido de amor para almas soñadoras, en un castillo señorial nació Lindaura AnzoÔtegui, el 19 de febrero de 1848.
Fue su padre don Manuel AnzoĆ”tegui, perteneciente a una ilustre familia vascongada que hizo su residencia en la ciudad de la plata, y su madre la seƱora Calixta Campero, perteneciente a la elevadĆsima cuna del Ćŗltimo MarquĆ©s del Tojo. [1]
Los espĆritus grandes casi siempre se manifiestan temprano, por esto doƱa Lindaura Campero desde su infancia demostró su talento que mĆ”s tarde deberĆa convertirse en lumbrera del pensamiento. Cuando adolescente, el estudio se hizo una pasión en ella, dedicĆ”ndose con ahĆnco al cultivo de las letras, sin desconocer el de las ciencias, penetrando asĆ en el campo tan vedado por entonces a la mujer. Educó su espĆritu, primero en los sabios consejos que le dieran sus padres, y luego con la delicadeza que la distinguĆa; supo elegir a Larra, Cervantes, Chateaubriand y otros, sus mejores amigos que distrayĆ©ndola la instruĆan. [2] No era fanĆ”tica, pero sĆ piadosa y no fueron pocas las horas que dedicó a la lectura de libros santos y de la vida de los religiosos ermitaƱos. En medio de las comodidades de que estaba rodeada, nunca olvidó a los tristes y su mano caritativa siempre estuvo tendida al menesteroso, llegando hasta las viviendas mĆ”s humildes como el Ć”ngel consolador. La suerte casi siempre adversa con almas bondadosas hirió la adolescencia de la ilustre joven con la muerte de su hermano, a la que fatalmente siguió la de su padre. Con tan tristes acontecimientos, y por razones de herencia, la familia AnzoĆ”tegui se trasladó a Sucre donde fijó su residencia y donde tambiĆ©n falleció la seƱora Campero, dejando en la orfandad mĆ”s lamentable a Lindaura. Fue necesario entonces rehacer toda la fortaleza de su espĆritu superior, toda la energĆa de su carĆ”cter, para resistir tan terribles pruebas.
HuĆ©rfana Lindaura, se acogió en el hogar de su hermana Adelaida, esposa del Dr. Zilveti, quien quedó constituido en tutor de ella y de sus hermanos menores. El Dr. Zilveti, hombre inteligente y amador de las bellas letras, daba campo a las tendencias literarias de su joven cuƱada en lecturas y conversaciones ilustradas que eran bien aprovechadas por Lindaura. Mas la muerte no tardó mucho en llegar tambiĆ©n al hogar de los esposos Zilveti y la vida de nuestra poetisa sufrió una nueva desventura con la pĆ©rdida de su hermana Adelaida. Desde este acontecimiento, Lindaura se retiró al campo y es entonces que lirismos de nuestra escritora comenzaron a florecer en bellĆsimas composiciones que estaban saturadas con la tristeza de su alma tan probada. Escribió mucho sobre la esclavitud del indĆgena, mereciĆ©ndole esta raza toda su compasión y cariƱo, protestó energĆ©ticamente por la injusta opresión que sufrĆa.
Don Macedonio Urquidi en su libro Bolivianas ilustres hace referencia a una interesante composición de Lindaura Campero, āManuelā, [3] cuyo original ha desaparecido y se asegura que fue uno de los trabajos mĆ”s aplaudidos por los hombres talentosos que al frecuentar la amistad del Dr. Zilveti conocieron.
Por entonces nuestra madre patria sufrĆa la despótica opresión de Melgarejo y Lindaura AnzoĆ”tegui lamentaba la situación de su patria en sentidas poesĆas, cuyo delicado estilo y perfecta armonĆa daban la promesa de una verdadera poetisa.
El General Campero, precedido de las glorias que obtuviera en Iruya y Montenegro cuando la revolución de PotosĆ en noviembre de 1859, como una rebelión contra el dictador Linares, precedido como estaba por el renombre de Campero, victorioso en los sucesos de Alpacani, el aƱo 1870, en que dio tĆ©rmino a la tiranĆa de Melgarejo llegó para cambiar la suerte de nuestra poetisa. Hombre de gran talento, hĆ©roe vencedor, fue digno de una mujer como doƱa Lindaura AnzoĆ”tegui y tan solo Ć©l pudo llevarla orgulloso al altar el 8 de octubre de 1871.
Los nuevos esposos partieron a Europa, habiendo recorrido Italia, Inglaterra y Austria, donde la mujer inteligente rodeada de eminencias extranjeras, que dieron honor a los esposos Campero, supo hallar en el trato de ellos y cada cosa que veĆa fuentes ilustrativas que le proporcionaron vastos conocimientos. Aseguran que su libro de apuntes Ćntimos era todo un acopio de bellezas literarias, donde se descubrĆa en la autora un espĆritu raro de observación.
Después de algunos años de permanencia en el viejo mundo, decidieron la vuelta a su solar, habiendo sufrido en el trayecto dos naufragios de los que se salvaron milagrosamente y en los que también demostró la AnzoÔtegui una entereza de carÔcter admirable.
El cielo alegró el hogar de ellos con cuatro hijos, nacidos los dos primeros en Europa y los dos últimos en Bolivia.
Conocida y relatada por demĆ”s ha sido la polĆtica del Gral. Campero, cuyos actos estaban guiados tan solo por el amor a la Patria, sin embargo sabemos tambiĆ©n que sufrió grandes decepciones y ultrajes de sus enemigos, por lo que se vio en la necesidad de alejarse de la capital, buscando en una propiedad campestre la tranquilidad que la polĆtica le robó; y fue San Salvador el retiro solitario donde la digna familia formó su nido de paz, donde la AnzoĆ”tegui desplegó toda su bondad para hacer olvidar a su esposo las amarguras que le diera su vida de patriota. Otra cosa que le mereció su atención fue mejorar la situación de sus colonos, quienes siempre le merecieron su amparo y compasión. La soledad del campo y tranquilidad de espĆritu contribuyeron en nuestra poetisa para que escribiera pequeƱas historias en las que con un estilo sencillo y clara dicción relata escenas llenas de interĆ©s como en La madre, [4] Una mujer nerviosa y otros, [5] en los que hay arte, inspiración y vida.
Un acontecimiento de trascendental importancia vino a turbar la tranquilidad de los moradores de San Salvador: la famosa Guerra del PacĆfico, en la que el Gral. Campero una vez mĆ”s ofreció sus servicios a la patria, y destituido Daza, tomó Ć©l el primer puesto en Bolivia, habiendo sido hĆ©roe nuevamente en la inolvidable batalla del Campo de la Alianza, donde jefes y reclutas, alentados por la voz de su general, lucharon en una lucha desigual, sangrienta, pero digna. [6]
Entre tanto, la seƱora Campero, en la vida alejada que hacĆa en San Salvador, procuraba siempre conservar la entereza de su carĆ”cter y se dedicaba a producir versos heroicos: āBoliviaā, āPlegariaā, [7] y algunos mĆ”s en los que se demostraba valiente y patriota.
Como consecuencia de la derrota del 26 de mayo, vinieron las exigencias del vencedor y la patria pasaba el momento mƔs negro de su historia. La seƱora Campero residente por entonces en La Paz dio el mƔs bello rasgo de bondad, socorriendo a la humanidad doliente cuanto le fue posible; su nombre era repetido en todas partes, entre bendiciones y alabanzas, porque ella estaba para aliviar el hambre a los huƩrfanos, ella en los hospitales curando a los heridos, ella consolando a los tristes.
En 1884, el Gral. Campero transmitió el mando, dejando en todas las administraciones la huella de su honradez, de su patriotismo y lealtad y volvió con su familia a la vida privada en su refugio de San Salvador de donde lo volvieron a sacar para darle el cargo de senador nacional que se vio obligado a aceptar por las exigencias de don Gregorio Pacheco.
Pero el Gral. Campero ya estaba cansado por tanta contienda, por tanta decepción y atormentado por la pĆ©rdida de sus recursos contrajo una enfermedad fatal que lo llevó a la tumba el 11 de agosto de 1896 y la seƱora Campero tuvo que soportar este nuevo desastre y hacerse cargo de su numerosa familia, desplegando todo el acierto que debĆa.
Viuda ya la seƱora AnzoĆ”tegui de Campero, escribió el Huallparrimachi, [8] Manuel y Asencio Padilla y En el aƱo 1815, que son trabajos que, a manera de novelas, relatan escenas vĆvidas. [9]
AƱos despuĆ©s falleció la poetisa en medio de la consternación general, en medio de innumerables pobres que en su muerte veĆan la miseria. Murió dejando el recuerdo de sus bondades y la estela de su talento.
Su último trabajo sobre Padilla fue presentado por su familia a un concurso literario, bajo el seudónimo de Tres estrellas; después de un aplauso caluroso del jurado, le otorgaron el primer premio y con él la gloria que hoy circunda su nombre.
Es innegable que la mayor parte de los trabajos de la seƱora Lindaura AnzoĆ”tegui de Campero estaban saturados de un gran desconsuelo, pero hay que tener en cuenta tambiĆ©n que nadie fue tan probada como ella, que tuvo que sobrellevar orfandad, guerras y mil otras desventuras que le dio el destino y que mĆ”s bien supo tener fortaleza y carĆ”cter en las adversidades, contribuyendo a ello su fe de cristiana, su piedad santĆfica que le hacĆan exclamar:
Ā”Venid, venid!, los que sentĆs el alma
desnuda la ilusión;
Los que marchƔis sin fe, los que sin calma
tenéis el corazón.
Hay luz aquĆ, hay flores, hay ensueƱos;
y escucharƩis su voz;
cayendo, de la dicha siendo dueƱos,
de hinojos ante Dios.
Escribió mÔs en prosa que en verso y con un éxito también superior, dejando en cada pensamiento belleza, precisión, fluidez de lenguaje, revistiendo lo relatado de una naturalidad encantadora.
Ligera y pĆ”lidamente descrita, fue esta la vida de doƱa Lindaura AnzoĆ”tegui de Campero y las cualidades excepcionales que la distinguĆan, demostrando que la mujer sin apartarse de sus deberes, del sitio que le corresponde en el hogar, puede dedicarse a otras tareas que hagan de ella no una doctora, sino una mujer instruida, capaz de arrostrar los obstĆ”culos mĆ”s grandes, capaz de ofrecer la vida misma.
Por esto, el nombre de nuestra poetisa, debe estar inscrito en el cielo de nuestros ideales con caracteres indelebles porque fue el orgullo femenino.
Oruro, 4 de julio de 1923
Fuente: Feminiflor AƱo III, Oruro, julio de 1923, No. 23.
[Transcrito y editado por Utama. Comunidad de lectores]



āUtama. Comunidad de lectores realiza una investigación de rescate y visibilización de la primera agrupación de mujeres periodistas en Bolivia, Centro ArtĆstico e Intelectual de SeƱoritas de Oruro, a travĆ©s de su revista Feminiflor (1921-1923), celebrando el centenario de sus publicaciones. Esta investigación cuenta con la subvención del Fondo de Mujeres Bolivia Apthapi Jopueti. |









